Dios fulmine a la que escriba sobre mí - Aura García-Junco



“La vida es un deseo, no un significado”, leo a lo largo de la novela y pienso que esta podría ser la máxima en la que reposa toda la narración, es más, su justificante. Es a partir del deseo de significación, paradójicamente, que Aura García-Junco se dispone a escribir su novela, que es un la novela de un duelo y a la vez una semblanza de su padre y por momentos un ensayo crítico, feminista y deconstruído de la relación entre los dos y, en general, del vínculo universal entre padre-hija-sociedad-mundo cruel. 


Lo hace a través de pequeñas narraciones fragmentarias en las que nos va dibujando y desdibujando la presencia de aquel padre entrañable y contradictorio, conmovedor y patético, siempre Gran Perdedor, enfermo de literatura, como dijera Vila-Matas, un shandy que va adquiriendo existencia entre claros y sombras de su propio reflejo, del destello que ha dejado tras de sí. Detrás, sin esconderse en lo más mínimo, está la voz de Aura García-Junco, opinando, narrando, escondiendo, evidenciando, confesando, quitando el velo sobre lo que muchas veces se supone que no debería ser una novela de duelo, es decir, hablando desde su propia verdad y perspectiva sobre el muerto, por oscura que esta sea. 


Y se hubiera podido quedar en esto, bien, una novela más sobre la muerte del padre, otra autoficción poco memorable, pero no. Lo que hace interesante a la novela es la tensión entre la semblanza de H. Pascal (seudónimo del padre en el bajo mundo de las letras) y la mirada crítica de la autora sobre temas como la literatura, la memoria, la muerte, el machismo heredado, los posibles traumas infantiles de los padres, los errores del pasado y los libros. Esta tensión, a pesar de estar siempre en pugna, se matiza con la presencia permanente de los libros, libros que funcionan como el hilo conductor de la narración y como amuleto sagrado de la autora con la memoria de su padre. Libros, libros, libros, títulos, autores, ediciones, bibliotecas, desorden, orden de cientos de libros como un laberinto que guía y desorienta, a la manera del Mal de Montano. 


Así, García-Junco (hija), nos presenta una novela honesta, descarnada, pero también tierna y compasiva con su propio dolor y con la figura de aquel padre muerto que, en últimas, ya nunca se podrá defender. 


Nicolás Ibáñez G.  

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