Lincoln en el Bardo - George Saunders
Lincoln en el Bardo - George Saunders
“Nosotros deseábamos que el chico se marchara y de esa forma se salvara. Su padre deseaba que estuviera «en un lugar luminoso, libre de sufrimiento, resplandeciendo en una nueva fase de la vida». Una feliz confluencia de deseos. Parecía que teníamos que convencer al caballero para que regresara con nosotros a la casa de piedra blanca. Y una vez allí, teníamos que animar al chico para que se metiera dentro del caballero, con la esperanza de que, estando allí dentro, y habiendo oído el deseo de su padre, se convenciera de que…” Hans Vollman
*El Bardo, dentro de la filosofía budista tibetana, corresponde al “estado intermedio” o “estado de transición” entre la muerte y la reencarnación, en el que se produce una especie de juicio personal derivado del propio karma, la posibilidad de alcanzar la verdadera naturaleza del ser y la liberación espiritual definitiva.
Es febrero de 1862. Estamos en plena Guerra de Secesión en los Estados Unidos. Mientras el presidente Lincoln lucha por mantener al ejército unido y vencer a los Confederados, su pequeño hijo Willie, de apenas once años, muere tras una extraña enfermedad. Lincoln queda en un estado tal de abatimiento y tristeza al punto de que se resiste a abandonar a su hijo y decide pasar algunas noches en el cementerio de Georgetown al lado de su tumba.
Este acontecimiento histórico es la plataforma de la que se sirve Saunders para conducirnos por una experiencia literaria, tan divertida como trágica, que explora los límites entre la vida y la muerte, entre la historia y la ficción, entre lo fantasmagórico y lo real.
Hay que aclarar, para tranquilidad de los futuros lectores, que la novela es contada a través de un gigantesco coro de voces que se citan al final de cada intervención. Esto, aunque al principio parezca extraño, no debería asustarnos. Funciona como en un chismorreo de cafetería, en el que todos quieren hablar al mismo tiempo y opinar sobre lo que alcanzaron a ver sobre un suceso cualquiera. Unos vieron una cosa, otros la contradicen. Así se nos va develando esta historia.
Por un lado, tenemos al pequeño Willie en el Bardo, rodeado de un conjunto de almas sin destino que lo acompañan, lo guían y lo aconsejan en su lucha entre asumirse como muerto y su afán por querer regresar al mundo de los vivos. Aquí nos encontramos con las dos voces más llamativas de la novela, Hans Vollman y Roger Bevins III, quienes finalmente serán los médiums que conectarán los dos universos.
Del otro lado está Abraham, todo tristeza, culpa y arrepentimiento, incapaz de soltar su dolor y a su hijo, tratando irremediablemente de recuperarlo, infringiendo incluso las leyes de la naturaleza para alcanzar su objetivo. Hasta que en un despliegue de la imaginación del narrador (y de los personajes), en una danza maravillosa de cohabitación de las almas, cada personaje tiene su epifanía, su anagnórisis repleta de imágenes y emociones, y se conduce al lugar en el que, por ley divina, debe permanecer.
Una novela que se escapa de la reseña, como se puede ver, porque es mucho más que lo que acabo de contar. Con claras remembranzas a la Antología de Spoon River de Lee Master, Saunders, hablándonos de los muertos, nos habla de nosotros mismos, de la culpa, del destino y de nuestro verdadero lugar en el mundo. Una novela que exige un lector atento, dispuesto a tomar riesgos y que sepa confiar. A muchos esto no les gusta, se les hace excesivo pedirle eso a alguien.
Nicolás Ibáñez


Comentarios
Publicar un comentario