Tardewski y los fracasados, por Ricardo Piglia

"[...] En su caso personal, dijo que veía con claridad que esa fascinación por el fracaso era algo que se remontaba a su juventud, a sus años en Varsovia, anteriores, por supuesto, a sus lecturas alcohólicas de los Pensamientos de Pascal en Cambridge. Sentía inclinación por lo que uno llama tipos fracasados, dijo. Pero ¿qué es, dijo, un fracasado? Un hombre que no tiene quizás todos los dones, pero sí muchos, incluso bastantes más que los comunes en ciertos hombres de éxito. Tiene esos dones, dijo, y no los explota. Los destruye. De modo, dijo, que en realidad destruye su vida. Debo confesar, dijo Tardewski, que me fascinaban. Todos esos fracasados que circulan especialmente en los alrededores de los ambientes intelectuales, siempre con proyectos y libros por escribir, lo fascinaban, dijo. Hay muchos, dijo, en todos lados, pero algunos de ellos son hombres muy interesantes, sobre todo cuando han empezado a envejecer y se conocen bien a sí mismos. Yo acudía a ellos dijo, en aquellos años de mi juventud, como uno se acerca a los sabios. Había un tipo, por ejemplo, con el que me veía muy a menudo. En Polonia. Este hombre se había eternizado en la universidad, sin decidirse nunca a rendir los exámenes que le faltaban para terminar su carrera. De hecho había abandonado la universidad poco antes de obtener su diploma en matemáticas y después había dejado plantada a su novia el día de la boda. No veía ningún mérito especial en realizar nada. Una noche, me dice Tardewski, estábamos juntos y nos presentan a una, mujer que me entusiasma, que me gusta muchísimo. Al observar esto me dice: Ah, ¿cómo?, ¿es que no le ha mirado usted la oreja derecha? ¿La oreja derecha? Le contesto: Está usted loco, no me interesa. Pero vamos, fíjese, me dijo, cuenta Tardewski. Fíjese. Mire. Al final me las arreglo para ver lo que tenía detrás de la oreja. Tenía una verruga infame, en fin, una verruga. Todo se derrumbó. Una verruga. ¿Se da cuenta? El tipo era el demonio. Su función era sabotear el ímpetu de los demás."

Respiración artificial
Ricardo Piglia
1980

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